CHICAGO, LA CUNA DE LA AMÉRICA MODERNA

Estados Unidos debe a esta ciudad buena parte de su herencia cultural más reciente: los primeros rascacielos, el teatro musical, el blues eléctrico, las historias de gánsters y la mítica Ruta 66.

THE CLOUD GATE

La avenida South Michigan es una pasarela de estilos arquitectónicos del último siglo. A la altura del parque Millennium, se halla la escultura de acero conocida como The Bean, la alubia.

UN ENTORNO AZUL Y VERDE

El parque Lincoln ofrece una buena perspectiva del perfil de Chicago, con las torres Hancock y Willis como máximas cumbres de la ciudad.

EL JOHN HANCOCK CENTER

Este edificio tiene un mirador en la planta 92 a 340 metros de altura.

ART INSTITUTE OF CHICAGO

El edificio de la Exposición Universal de 1893, emplazado entre los parques Millennium y Grant, contiene uno de los fondos pictóricos más destacados del mundo. Se trata del Art Institute of Chicago, fundado en 1879 gracias a las donaciones de ricos empresarios y coleccionistas de la ciudad. Con el tiempo, el museo adquirió pinturas y objetos de más épocas históricas y continentes hasta alcanzar las más de 5.000 obras de la actualidad. Sin embargo, la joya del museo son las colecciones de pintura impresionista y postimpresionista, con cuadros de Monet, Degas, Seurat, Cézanne y Toulouse-Lautrec. El siglo XX está muy bien representado con artistas del cubismo, el expresionismo, el surrealismo y el arte abstracto de Europa y de Estados Unidos, entre los que destacan Jackson Pollock y Edward Hopper. En 2009 se inauguró un ala nueva, diseñada por Renzo Piano. Merece la pena contemplar las vidrieras de Marc Chagall que dan al patio McKinlock.

RÍO CHICAGO

Divide el Downtown de los barrios del North Side. El paseo Riverwalk discurre por uno de los tramos más bonitos del centro.

REFERENTE MUNDIAL

El Art Institute of Chicago permite conocer a los grandes artistas norteamericanos del siglo XX, como Edward Hopper (en la imagen, Nighthawks).

CHICAGO A VISTA DE PÁJARO

En la Ciudad del Viento, ¿qué mejor manera de disfrutar de las vistas que «casi volando»? La Torre Willis ofrece vistas como las de la imagen.

LOS MEJORES LOCALES DE BLUES

■ Blue Chicago (536 North Clark). Coqueto y acogedor club donde se puede escuchar a los artistas ocultos del blues de Chicago.

■ House of Blues (329 North Dearborn). Espectacular sala de conciertos que acoge todos los estilos. El restaurante de la parte de arriba cuenta con un pequeño escenario de blues. Los domingos ofrece un brunch a ritmo de góspel.

■ B.L.U.E.S (2519 North Halsted). Situado en el norte de la ciudad, este club oscuro y auténtico rememora los juke-joints, locales en los que se servían bebidas y comidas, se vendían productos, se bailaba y actuaban los primeros bluesmen.

■ Kingston Mine (2548 North Halsted).  Con un sonido limpio y cálido, ofrece también comida para degustar junto una amplia muestra de blues urbano. Es indispensable probar sus costillas a la barbacoa, por muy grasientas que sean.

■ Buddy Guy’s Legends (700 South Wasbash). Club propiedad del mítico guitarrista Buddy Guy, contemporáneo de Muddy Waters, donde suele tocar el propio Guy y los grandes músicos del género.

UN MIRADOR PRIVILEGIADO

En el piso 103 de la Torre Willis —a 412 metros de altura— se puede contemplar la ciudad bajo nuestros pies gracias a estas pequeñas cajas de vidrio que sobresalen de su fachada.

UNA REFERENCIA LONDINENSE

El Shakespeare’s Globe de Londres tiene su réplica en la zona de Navy Pier.

THE LOOP

La tradición teatral y musical de Chicago se concentra en torno a las calles Randolph y North State. En la fotografía el Chicago Theater, de 1921.

NAVY PIER

Este largo muelle es un inmenso centro de ocio fundado en 1916 donde es posible hallar desde teatros hasta un parque de atracciones.

VISTA A LA CIUDAD DEL VIENTO

1. North Side. Al norte del río Chicago. Incluye barrios de diferentes nacionalidades llegadas durante el siglo XIX. Entre sus rascacielos modernos destaca la Torre Hancock. El parque Lincoln ofrece bonitas vistas. Navy Pier concentra la mayor oferta de ocio.

2. Downtown. Es el corazón histórico y financiero de Chicago. Su núcleo recibe el nombre de The Loop por los trenes elevados que lo recorren. Aquí se hallan algunos de los primeros rascacielos, el Art Institute of Chicago, la Torre Willis y el Millennium Park.

3. South Loop. South Michigan Avenue cruza de norte a sur este sector repleto de edificios históricos (estación Dearborn, Hilton Chicago, Second Franklin…), museos de arte (Field) y salas de blues y jazz. El parque Grant marca el norte de esta gran zona y Chinatown, el sur.

4. South Side. La Exposición Universal de 1893 impulsó esta zona de la ciudad con barrios residenciales como Hyde Park. La creación de la Universidad reactivó la zona y aportó nuevas zonas verdes y museos de ciencia y arte.

Expuesta a los rigores meteorológicos que imponen los vientos del lago Michigan –gélida en invierno, asfixiante en verano–, Chicago ofrece un espectacular abanico de arrebatadoras propuestas: desde adentrarse en la historia de la música negra hasta besar el cielo en lo alto de sus edificios. Frank Sinatra no podía estar equivocado cuando cantaba «Chicago es mi tipo de ciudad».

Chicago esconde algunos de los secretos más fascinantes de la historia cultural de los Estados Unidos y ha sido testigo de momentos emocionantes, únicos. Como cuando en la década de 1920 y 1930 fue la capital mundial del jazz, y sus teatros y cabarets acogían a los músicos pioneros de Nueva Orleans. «Había tanta música en el aire que si levantabas la trompeta, podía tocar sola», llegó a decir un músico de la época.

Imaginemos Chicago en los 50. La ley seca hace tiempo que se derogó y Al Capone lleva unos años bajo tierra, pero eso no significa que las calles sean un lugar seguro. El centro, el norte y el oeste de la ciudad siguen controlados por su gente. En el sur, a veces, ni la mafia se atreve a entrar. Es el South Side o Lado Sur, uno de los mayores guetos de Estados Unidos. Allí, en un viejo almacén del tramo sur de Michigan Avenue, se reúnen unos hombres de raza negra, guitarra en mano, llegados de los estados sureños como hijos de la Gran Migración. Atrás dejaron los lamentos del blues rural y la vida campestre: ahora están en la gran ciudad, con sus coches, sus tranvías, sus fábricas y sus bloques de edificios. El cambio no ha sido fácil. Su rudimentario sonido se ha electrificado. Sus nombres pasarán a la historia: Muddy Waters, Howlin’ Wolf, Bo Diddley o Chuck Berry. Estamos en Chess Records y está a punto de nacer el rock and roll.

Antes de adentrarnos en el Loop merece la pena visitar el señorial barrio de Hyde Park. Sede de la prestigiosa Universidad de Chicago, resulta una delicia pasear por sus calles arboladas o perderse en sus tiendas de antigüedades y librerías para sentirse como uno de sus vecinos más ilustres, el presidente Obama durante sus años como profesor universitario. Una recomendación: cruzar la atestada autopista Lake Shore Drive y, desde la península de Promontory Point en Jackson Park, contemplar el perfil de Chicago, una visión menos arquetípica pero igual de sugerente.

LA «ALUBIA GIGANTE»DE CHICAGO

Para explorar el Loop lo más aconsejable es abarcarlo desde el Millennium Park y mirarlo a través de las inverosímiles formas del popular The Bean (su nombre oficial es Cloud Gate), una gigantesca alubia escultórica compuesta por placas de acero inoxidable que reflejan las siluetas de los edificios colindantes y los rostros del viajero curioso, que buscará ángulos imposibles para inmortalizar con su teléfono móvil.

En el extremo oeste del parque Millennium se retoma Michigan Avenue para dejarse fascinar por la belleza arquitectónica del Chicago más vibrante y cinematográfico. Estamos en pleno corazón del Loop, en el mapa ocupa una pequeña zona rectangular que, sin embargo, concentra algunos de los mayores atractivos de la ciudad. Uno de ellos es el emblemático Teatro Chicago, en el número 175 de North State, el esplendoroso edificio del Chicago Board of Trade que se alza en el cruce entre Jackson Boulevard y LaSalle, uno de los mercados de valores más antiguos que existen en todo el mundo.

Otro icono arquitectónico es la Torre Willis (233 South Wacker), cuyo original diseño parece un conjunto de cajas de cerillas superpuestas. Antes conocida como Torre Sears, de 442 metros, fue durante muchos años el rascacielos más alto del planeta. Quien no tenga vértigo puede asomarse al balcón de vidrio de la planta 103.

El Loop está lleno de sorpresas terrenales y bien merece la pena pasearlo con calma. En una ciudad tan inabarcable por su extensión, bucear a pie las aceras del distrito financiero es todo un lujo y siempre tiene recompensa. Por ejemplo, la plaza Daley sorprende con una curiosa escultura de Picasso y, en la esquina entre Washington y Dearborn, hallamos una obra de Miró. Entre semana el Loop está lleno de ejecutivos y hombres de negocios, pero fuera del horario laboral adquiere un paisaje más fantasmagórico que enaltece su atractivo. Al viajero cinéfilo no le costará reconocer los escenarios donde se rodaron El fugitivoLos intocables de Eliot NessEl golpeCamino a la perdición o Granujas a todo ritmo, donde John Belushi y Dan Aykroyd, los Blues Brothers, reclutan a su banda por las calles de la ciudad.

En Chicago el metro sale a la superficie para volar por encima de los edificios, los clásicos hot dogs se llenan de ornamentos como tomate, pepinillos y cebolla picada, y las pizzas elevan su grosor emulando la altura de los edificios. Es de rigor probar la gastronomía local, no apta para estómagos sensibles. Chicago no solo ha aportado su identidad a variedades culinarias (hot dog estilo Chicago, pizza Chicago…), estilos musicales (blues de Chicago, jazz de Chicago o soul de Chicago), sino también a la arquitectura en la llamada Escuela de Chicago .

En 1871 Chicago sufrió un gran incendio que la destruyó casi por completo y tuvo que reinventarse con una de sus máximas aportaciones al desarrollo del urbanismo: el rascacielos. Los mejores arquitectos se reunieron para diseñar el nuevo Chicago y, debido a la especulación del terreno, se decantaron por estructuras de acero y hormigón en vertical. El primer rascacielos del mundo se construyó allí en 1884: el Home Insurance Building, hoy derruido, que tenía «solo» diez plantas y fue todo un logro tecnológico para la época

El catálogo de skyscrapers o «trepadores del cielo» no se agota nunca en Chicago, los hay de todas las épocas y tendencias. Según nos aproximamos al río desde el Loop, se nos ofrece una verdadera clase de historia arquitectónica. Destacan el edificio Wrigley, cuya torre del reloj central está inspirada en la Giralda de Sevilla, la sede neogótica del Chicago Tribune, o la refulgente Torre Trump, propiedad del actual presidente de los Estados Unidos y segunda construcción más alta de la ciudad.

LAS VISTAS DESDE EL LAGO MICHIGAN

Siguiendo el curso del río hacia el interior encontramos las torres gemelas Marina Towers, de 64 plantas y con forma de mazorca de maíz, las 19 primeras concebidas como aparcamiento e inmortalizadas en la portada del disco Yankee Hotel Foxtrot de la banda Wilco, otro emblema de Chicago. Justo a los pies de las torres Marina, del muelle State zarpan los cruceros que surcan el río y se adentran en el lago Michigan, una excepcional oportunidad para admirar la arquitectura de Chicago.

No obstante, que nadie se lleve a engaños: las mejores vistas de la ciudad, con diferencia, se disfrutan desde el John Hancock Center, situado en el 875 de North Michigan Avenue, en la Magnificent Mile, el Chicago más lujoso y exclusivo. «Ven a besar el cielo», reza el cartel de la entrada al Hancock. Y, en efecto, el mismísimo cielo se abre ante nosotros. Desde la planta 94, en el mirador 360º, se observa la perspectiva más sublime de la ciudad. En los días despejados, las siluetas de los edificios se reflejan sobre las aguas del lago Michigan. Hacia el sur, la imagen más exquisita de los rascacielos del Loop; hacia el norte, el verde frondoso de Lincoln Park se funde con la línea de costa y los bloques de viviendas de clase media-alta.

En Lincoln Park, un barrio rebosante de universitarios, se puede visitar gratis el zoo de Chicago, uno de los más antiguos del país. Desde allí también se puede recorrer la ribera del lago en bicicleta y llegar hasta el lado sur, aunque se recomienda hacer una parada en Navy Pier, un popular parque de atracciones con una gran noria, lleno de comercios y restaurantes.

El norte de Chicago parece otra ciudad distinta. Muchos de sus barrios se crearon gracias a oleadas de inmigrantes eslavos y de Europa Central. Así, nos encontramos con Ukranian Village, de origen ucraniano, Avondale, también llamado el «pueblo polaco», o Bucktown, de esencia alemana. Para quedarse con lo mejor conviene visitar el animado distrito de Lakeview, epicentro de la comunidad gay en la zona de Boystown. En North Clark, la arteria principal del barrio, se ubica Wrigley Field, el histórico estadio de béisbol de los Chicago Cubs, el segundo más antiguo de Estados Unidos.

También habría que dejarse caer por Wicker Park, una de las zonas más bulliciosas, barrio hípster por excelencia y carne de cañón para la gentrificación. En este territorio de jóvenes artistas, entre boutiques de moda, restaurantes para foodies y galerías de arte, encontramos un reducto de los tiempos más musicales de la ciudad: Reck-less Records, en el 1379 de North Milwaukee Avenue, la tienda de discos donde se rodó la adaptación cinematográfica de Alta Fidelidad.

Lo mejor para acabar de explorar Chicago es dirigirse al Uptown. En este distrito lleno de teatros y salas de conciertos descubrimos una última sorpresa: el Green Mill, en el 4802 de North Broadway, un club de jazz de aroma añejo donde es posible escuchar a una big band de swing o lo más nutrido de la escena local mientras se baila en su pista y se contempla la mesa que tenía reservada Al Capone. Nadie ha osado jamás ocuparla, por si acaso.

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